sábado, 10 de enero de 2009

Monte Kenya, Lenana, por Naro Moru

Esta semana por fin logré convencer a Lucas de dejar a las niñas unos días con la abuela para subir juntos al Monte Kenya.  Lucas ya había subido dos veces, una de ellas también a Nelion, uno de los picos que se escalan.  Yo estaba embarazada las dos veces así que me tuve que quedar en casa...
Por la tarde subimos a la Met Station y allí acampamos junto a un grupo de monillos muy graciosos.
El jueves salimos sobre las 7 de la mañana y tardamos unas cinco horas en llegar al refugio del Club de Montaña, que está un poco más arriba del refugio principal, Mackinders, 4200m.  Llegamos a las 12h.  Toda la tarde para descansar y disfrutar de las vistas, tuvimos muy buen tiempo.
El viernes salimos a las 6:30 del refugio y llegamos a la cumbre de Lenana (4985m) a las 9h. Como hacía buenísimo pudimos estar alrededor de una hora en la cumbre haciendo fotos y comiendo chocolatinas. 
A las 11h ya estábamos de vuelta en el refugio.  Pensábamos quedarnos allí una noche más antes de bajar pero como era todavía muy temprano, después de comer decidimos bajar al coche para salir pronto por la mañana a Nairobi al día siguiente.  Salimos del refugio a las 13:30.  Al final como también tardamos menos de lo previsto, por el camino cambiamos de idea y a las 16:25 estábamos ya montados en el coche con el motor encendido dispuestos a irnos a Nairobi. Llegamos a las 20h.  Lo más extremo del viaje fue esa última hora de conducción nocturna en Thika Road, qué horror!  No es que nada nos sorprenda ya después de dos años en este país, pero una vez más nos damos cuenta de que conducir aquí de noche es una locura.  Al final lo de los ataques, robos y bandidos es lo de menos.  La probabilidad de morir en un accidente de tráfico es mucho mayor.  Todo el que tiene luces va con las largas a toda velocidad, no hay rayas en el suelo ni alumbrado público de ninguna clase, y además está lleno de peatones, ciclistas, animales y algún que otro vehículo sin luces.  Y toda esta gente hace maniobras totalmente imprevisibles y sin el menor aprecio por su propia vida.  Está visto que la hora límite para salir de la Met Station rumbo a Nairobi son las 15:30, para llegar de día y evitarse esta locura nocturna.
En resumen, hemos hecho una salida exprés al Monte Kenya, muy bonita y ligera.  No íbamos demasiado cargados, no necesitamos porteadores ni guías ni nada.  Para otra vez podemos ganar un día saliendo muy temprano de Nairobi y subiendo directamente a dormir al refugio.  Con llegar a las 12h a la Met Station es suficiente siempre que el tiempo sea bueno.
Para las próximas veces estos son los planes que tenemos:
1.  Ascensión a Nelion.
2.  Vuelta a los picos.  Hay un itinerario circular alrededor de las tres cumbres.  Por el camino hay muchos lagos y varios refugios, pero no sé en qué estado.  Quizás sea mejor llevar tienda en este caso. Según los tiempos que aparecen indicados en el mapa y por lo que escriben en el libro de visitas del refugio, creo que saliendo del refugio del club se puede dar la vuelta, subir a Lenana y llegar a dormir a la Top Hut en el día, aunque parece una buena paliza.
3.  Ascensión por la ruta Kamweti, desde Castle Forest Lodge.  Una ruta muy poco transitada, imposible de encontrar sin guía.  Es algo más larga, un día más, porque no es fácil avanzar, hay que ir abriendo camino con machete.  Parece muy interesante.
Otras cosas que tener en cuenta para la próxima vez:
Llevar el mínimo de comida.  Falta total de apetito por la altura.  Lo que más apetecía era fruta, zumo y agua con limón.  Las chocolatinas y barritas de cereales estuvieron bien, pero no llegamos a comernos ni una al día por persona...
No olvidar cortarse las uñitas de los pies lo más cortas posibles... si no la bajada se convierte en un sufrimiento!
Libro recomendado: No Picnic on Mount Kenya, de Felice Benuzzi, se puede comprar en casi cualquier librería de Nairobi.  Es la historia real de unos italianos, prisioneros de guerra en Kenya durante la segunda guerra mundial.  Se escapan de su campo de concentración en Nanyuki sólo para subir al Monte Kenya y luego volver, pues no hay posibilidad real de escapar a ningún sitio.  Una auténtica aventura, suben desde muy abajo, escondiéndose al principio para que no los vuelvan a encerrar, después escondiéndose de los animales salvajes, mal equipados, mal alimentados, sin más mapas o croquis que la etiqueta de una lata de leche...  Impresionante!


martes, 6 de enero de 2009

Nairobi, welcome to the real world! (2ª parte)




Desde hoy Kevin y Paul ya van al colegio.  Paul a preescolar, Kevin a tercero de primaria.  El colegio se llama Njambi Academy y está bastante cerca de mi casa.
Después de darle muchas vueltas al asunto, visitar varios orfelinatos y agencias del gobierno para menores, éstas eran las diferentes posibilidades que había:
1.  Para que el gobierno se hiciera cargo de los niños y les buscara una plaza en un orfelinato había que denunciar al padre por no hacerse cargo de los niños y por maltrato.  No ocuparse de los hijos es un delito grave y maltratarlos por supuesto aún más.  De esto último no quisimos hablar directamente con las autoridades antes de ver si podíamos encontrar otra solución.  Yo no quería meterme en un proceso tan violento, y mi costurera tampoco.  Ella conoce al padre desde hace tiempo y dice que no bebe y hasta hace poco ha hecho más o menos lo que ha podido, aunque últimamente ha ido cayendo en la desidia.  Hace casi seis años que murió su mujer.  Su situación económica no es nada fácil, gana unos 60€ al mes cuando está en condiciones de trabajar, y en los últimos meses ha estado bastante mal y no ha podido trabajar con regularidad, hasta que ya ha empezado a tomar medicación (hasta hace poco ni siquiera sabía qué le pasaba exactamente).  Ni los niños tienen a nadie más ni el padre tiene tampoco a nadie más.  Parece ser que toda su familia le da la espalda.  Esto sucede aquí muchas veces, cuando alguien tiene SIDA casi todos piensan que le han echado mal de ojo y nadie quiere acercarse por miedo a que se contagie la desgracia.  Me parecía la solución de denunciarlo demasiado violenta, bastante tiene ya el padre con lo que tiene.  El otro problema es que en este caso aparte de que el padre podría terminar en la cárcel, los niños podrían terminar en cualquier lugar de Kenya, pues irían a dónde hubiera plaza.
2.  La segunda opción consistía en buscar un orfelinato que se hiciera cargo a cambio de una contribución económica (es una situación especial porque los niños realmente no son huérfanos) o un colegio para que estuvieran internos.  Y por supuesto encontrar a alguien que lo pagara.  De momento ésta es la opción que hemos elegido y de momento he pagado yo este trimestre, los uniformes y algunas cosas más que necesitaban para ir al colegio (jabón, cepillos de dientes, vasos y platos, lápices, etc.).  Todavía me falta por comprarles los libros para el colegio, estábamos esperando a ver en qué clase ponían a Kevin, porque tiene ya 10 años pero no lo han llevado al colegio con regularidad, así que no se sabía muy bien en qué curso ponerlo.  En el último colegio había estado yendo a primero de primaria, pero ni siquiera terminó el curso.  A su edad lo normal es estar en cuarto.  Menos mal que parece muy espabilado y sólo de estar con el niño de Dorkas mientras hace los deberes parece que ha aprendido bastante.  Ha hecho muy bien las pruebas y lo han puesto en tercero.  Si no le hubieran puesto con niños mucho más pequeños que él...
Yo por mi parte nunca me había involucrado tanto en una cosa así y me da un poco de vértigo el lío en que me he metido porque no se trata de resolver un trimestre, que no es problema, sino que dentro de unos meses habrá que pagar otro trimestre y así sucesivamente y quién sabe hasta cuándo.  La situación no tiene perspectivas de mejora, más bien al contrario...
Hoy hemos tenido una conversación muy seria con el padre, Dorkas (mi costurera) y yo.  Ella se ha estado ocupando mucho de estos niños en los últimos meses, como si fueran sus propios hijos.  Y está harta del padre que no hace nada.  A todo dice que sí pero luego es totalmente pasivo.  En los últimos días ha habido mucho que hacer para organizar a los niños para ir al colegio.  Él lo único que ha hecho ha sido comprar un par de toallas y un barreño.  Quien ha hecho casi todo el trabajo ha sido Dorkas.  Ayer estuvo hasta las tantas marcando los uniformes bordando las iniciales de los niños en cada prenda.  Él después de ver el colegio y de que hiciéramos la matrícula se tuvo que ir a por sus medicinas y de ahí directamente al trabajo (es guarda nocturno) hasta la mañana.  Puede que sea cierto que tampoco podía hacer mucho más, pero de todas formas no se le ve muy activo.  Yo le he preguntado cuánto puede contribuir a la manutención de sus hijos mensualmente.  Me ha dicho que 2000 chelines al mes (20€).  Gana 6000 (o eso dice).  Bueno, menos da una piedra.  Creo que es justo que contribuya de alguna manera, al fin y al cabo son sus hijos y no creo que sea bueno que se desentienda completamente.  Hemos quedado en que le pase este dinero a Dorkas todos los meses en cuanto cobre para que ella lo administre, en vista de que él es incapaz de ahorrar ni lo mínimo para alimentarlos.  Con este dinero Dorkas ira comprando lo que los niños necesitan.  Si sobra algo se ahorrará para pagar el colegio el próximo trimestre.  Le hemos amenazado con que si no se preocupa por poner un poco de dinero y si no adecenta su casa para mediados de febrero cuando vengan los niños unos días a casa a mitad de trimestre le denunciaremos por no ocuparse de sus hijos.  A ver si así reacciona un poco.
El caso es que los pobres niños no tienen nada de nada.  Hoy hemos revisado lo que tenían con la matrona que se ocupa de los niños pequeños y es que era una tristeza.  Aparte de los dos pares de uniformes nuevos que les hemos comprado apenas tenían nada.  Ni pijama para dormir...  
La verdad es que con el colegio tampoco estoy demasiado contenta, creo que en Auschwitz había mejores instalaciones...  Pero parece que es lo normal aquí para la mayoría de la población.  Al menos van a comer caliente tres veces al día, y la comida parecía buena, van a estar escolarizados y vestidos correctamente, y van a dormir cada uno en una cama, cosa que no tenían todos los días con su padre.  Dormían los tres en un colchón de espuma finito mugriento tirado en el suelo.  La casa estaba sucísima, a pesar de que no es más que un cuartucho, no hay tanto que hacer.  Dorkas estaba limpiando de vez en cuando porque tenía miedo de que los pequeños se pusieran enfermos, pero estaba harta porque el padre ni hacía nada él mismo ni se esforzaba lo más mínimo por mantenerlo limpio.
Los niños hoy parecían contentos, aunque les cuesta bastante sonreír.  Dice Dorkas que esta noche estaban solos en casa porque el padre estaba trabajando y no pararon de alborotar de lo nerviosos y contentos que estaban.  Iré a verlos la semana que viene a ver qué tal se adaptan y a llevarles algunas cosillas que les puedan venir bien que les estamos buscando por casa.  Kevin tiene toda la responsabilidad que su padre no asume.  El pobrecito con sus diez añitos cuida mucho de su hermanito y hace tiempo que le lava la ropa y le hace todo.  Y tendrá que seguir ahora ocupándose de él para casi todo.  No penséis en un internado europeo.  Aquí los niños tienen que lavarse ellos mismo la ropa, acarrear agua para lavarse, etc.
A quién le haya tocado un poco esta historia me gustaría que me comentara qué le parece, y si alguien tiene ganas, la verdad es que necesito ayuda para seguir adelante con esto.  Hoy he pagado unos 300€ entre colegio, uniformes y demás, y faltan los libros.  Los niños se han quedado sin nada de dinero para poder comprarse alguna chuchería cuando los sacan a misa los domingos.  Y necesitan en breve al menos otro juego de uniforme, el uniforme para hacer deporte, pijamas y una chaqueta calentita.
Así es África...

domingo, 4 de enero de 2009

Té de Kenya



Una excursión que solemos hacer con los amigos que vienen a visitarnos a Nairobi es ir a una plantación de té que tenemos bastante cerca.  Está en una zona muy bonita y verde, a más de 2000 metros sobre el nivel del mar.  Visitamos la granja Kiambethu, de la familia Mitchell, una de las primeras en lanzar el cultivo del té en Kenya, a principios del siglo XX.  El abuelo Mitchell era un aventurero que llegó de Inglaterra y probó varios oficios y cultivos antes de descubrir que lo suyo era el té.
El té lo introdujeron en Kenya en realidad los indios que vinieron (o más bien fueron traídos) a trabajar en la construcción del ferrocarril de Mombassa a Nairobi (que por aquel entonces todavía no existía).  Hasta entonces los colonizadores se habían limitado a realizar expediciones de exploración por el interior del África Oriental, pero nada más.  Sabían que Kenya estaba llena de recursos naturales, pero para extraerlos y controlar el territorio necesitaban el ferrocarril.  Pero esta es otra historia que a lo mejor cuento otro día, volvamos al té.
El té es una planta de la familia de las camelias.  Sólo existen dos variedades de té.  Una es la que se da en el hemisferio Norte, en Japón, China, el Himalaya.  Es una variedad que está adaptada a climas más fríos y es estacional.  En invierno la planta deja de crecer y no se puede cosechar.  La otra variedad es la que se da en zonas tropicales y parece ser que es originaria de la India, de Assam.  En todo caso la variedad que se cultiva en Kenya viene de Assam.  Esta variedad crece durante todo el año y se cosecha permanentemente.  Se cogen hojas de la misma planta cada 14 días más o menos.
El té verde y el té negro proceden de la misma planta.  La diferencia está únicamente en el proceso que se sigue para preparar el té una vez cosechado.  El té verde no está fermentado, simplemente se secan las hojas sin calentarlas y ya está, mientras que el té negro pasa por todo un proceso de fermentación y oxidación en condiciones controladas.
El té es muy delicado y debe procesarse inmediatamente después de cosecharlo, el mismo día.  Por eso se cosecha por la mañana temprano.  Se cosecha sólo el brote más tierno de la planta, una hoja que aún es un capullo y las dos siguientes.  Los trabajadores lo recogen en grandes cestos cargados a la espalda, que parecen pesar mucho pero en realidad no pesan casi nada, porque las hojas de té no se pueden aplastar.  Tienen que tener mucho cuidado de que no se rompan ni se arruguen porque si no empezaría el proceso de oxidación, que para que el té salga bien debe tenerse bajo control en todo momento.
Una vez llenan el cesto (unos 10 kg de té) los trabajadores lo vacían a la sombra de un árbol y siguen recogiendo.  Lo normal es que recojan de 50 a 60 kg al día cada día.
Luego todo se empaqueta en grandes sacos que se llevan a la fábrica en un camión.  Una vez procesado el té, hay catadores que se dedican a evaluar la calidad del té, que es muy importante para conseguir un buen precio en las subastas de Mombassa.  Kenya se disputa con Sri Lanka el puesto de primer exportador mundial, y es el tercer productor después de China y la India.
El té que solemos comprar es una mezcla de tés de diferentes procedencias.  Se combinan los diferentes tés del mundo para lograr un sabor constante que es el que caracteriza y distingue una marca de otra.  El té de Kenya es bastante fuerte y se utiliza para dar cuerpo a otros tés más delicados.
Todo esto y mucho más cuenta la Sra. Mitchell y luego sirve una comida muy colonial.  Después paseo por el bosque y las plantaciones.  Cobra 1500 chelines por la charla, el té con pastas, la comida, que no está nada mal, bebidas, y el paseo.  Información y reservas +254 733 769 976 o +254 729 290 894.
Por supuesto no es el único sitio para visitar plantaciones de té.  En realidad la mejor zona para ver campos de té por todas partes es Kericho, hacia el Oeste, de camino hacia el Lago Victoria.  Es la zona donde se produce la mayor parte del té de Kenya.  Y esta última foto es del Monte Kenya.  En las faldas del Monte Kenya se produce el mejor té, dicen que por la altura, que hace que crezca más despacio.

jueves, 1 de enero de 2009

Viaje al lago Victoria

Los últimos días del año los hemos dedicado a viajar al lago Victoria a visitar a la familia de un amigo keniano y ver cómo se celebran las fiestas en los pueblos.  Ha sido un viaje muy especial y hemos estado en una de las zonas menos visitadas de Kenya.
Nuestro amigo Steve es un informático que se dedica a hacer páginas web.  Es el mayor de 10 hermanos y hermanas, de entre 8 y 27 años.  Casi todos dependen todavía de los padres y viven en esta casita, a menos de un kilómetro de la costa del lago Victoria, en la Bahía de Asembo.  La casa es de barro sobre una estructura de palos.  El techo de chapa, el suelo de tierra.  Tiene una sala de estar muy espaciosa llena de sillones y mesitas bajas.  A cada lado de la sala de estar hay dos habitaciones pequeñas.  En un lado, la cocina y el dormitorio de los niños.  En el otro lado el dormitorio de las niñas y el de los padres.  En cada uno de los dormitorios hay dos camas y poco más.  Pero no son sólo para los 8 o 9 hijos que quedan en la casa, son bastantes más, pues la familia ha recogido también a otros niños de familiares que han muerto.  Todo se guarda en grandes sacos, desde la ropa hasta el maíz recién cosechado.  Sólo algunas camisas están colgadas en perchas.  La casa es bastante oscura y durante el día se calienta mucho por el tejado de chapa.  El terreno en el exterior es muy sombreado, hay bastantes árboles y todos los niños se pasan el día colgados de los arboles o tumbados a la sombra comiendo mangos.
La letrina está en una casetita en el exterior, muy limpia y cuidada.
El papá de Steve es profesor de escuela.  La familia tiene un terreno en el que cultiva maíz y cacahuetes.  
Cocinando chapatis en la cocina
Para beber recogen el agua de la lluvia cuando es posible, pero cuando no hay tienen que beber agua del lago, que es también la que utilizan para lavarse, fregar, etc.  Para beberla la hierven y la tratan después con pastillas de cloro.  La verdad es que cuando fuimos a visitar el lago a mí se me caía el alma a los pies.  En esta zona el agua está turbia y bastante estancada, llena de algas.  La zona más asequible para acercarse al agua está llena de gente.  Algunos recogen agua para llevársela en cubos, atados a la bicicleta o en la cabeza.  Es agua para beber y la recogen en el mismo sitio donde otros se están bañando con jabón, están fregando platos o lavando la ropa o algunos incluso la bicicleta.  Realmente éste es el colmo de la pobreza: tener que beberse la misma agua turbia en la que otros están lavando platos.  Pero como tantas otras veces nos preguntamos por qué.  Es una zona tan sumamente verde y fértil que no podemos entender por qué no cavan pozos, que aquí no creo que tengan que ser demasiado profundos para alcanzar aguas más limpias, filtradas por la tierra...  O por qué no canalizan agua del lago sacándola de una zona que no sea aquella que se utiliza para lavar...  Cuando preguntábamos a los locales nos decían que no pasaba nada, que el agua se movía y el jabón enseguida se dispersaba, y que vivían muy cerca del lago, que no les costaba demasiado venir a por el agua aquí, que el problema realmente lo tienen los que viven a varios kilómetros del lago.
El agua no es el único problema que tienen claro.  La mamá de Steve estaba pasando a la vez la malaria y la tifoidea.  A pesar de que tenían una casa bastante bien organizada y no son de los más pobres no vimos mosquiteras, y a pesar de que nos dijeron que la tifoidea la cogían por la piel de los mangos y que los teníamos que lavar, allí todos se los comían a mordiscos con piel y sin lavar!
Vinimos cargados de regalos para ellos, cosas que allí en el pueblo no se consiguen fácilmente o no se pueden permitir, Steve nos dijo qué necesitaban.  Los niños estaban como locos con las golosinas.  Las mujeres se pasaron toda la mañana cocinando en varias hogueritas el único almuerzo del día.  Eso sí, muy abundante y sorprendentemente variado.  Pollo frito y estofado, tilapia del lago, también frita y estofada con verduras, sukumawiki y ugali como siempre, nunca faltan en la mesa en Kenya, deliciosas chapatis y arroz.  Todo el día la música estuvo sonando y las mujeres bailando (sin embargo los hombres no).  Trajeron al coro de la iglesia también para que nos cantara y leyera poemas.  La fiesta duró dos días.  El primero además visitamos el lago y nos dimos una vuelta en barquita.  El segundo estuvimos viendo las formaciones de piedras características de la zona.
Al caer la noche se preparó el té y llegó la hora de los discursos que tanto gustan aquí, y la despedida.  Fue toda una experiencia de hospitalidad africana.
Al día siguiente fuimos a visitar otra de las atracciones de la zona, Kit Miyaki, una formación rocosa muy bonita objeto de una leyenda que ya no recuerdo.  Allí va la gente a rezar y está todo lleno de restos de cera de colores de las velas.  El paisaje es muy bonito.  Después embarcamos en un ferry para atravesar la bahía y dirigirnos a Mbita y la isla de Rusinga.  Pasamos la noche a esta otra orilla del lago Victoria, llena de montes de formas muy curiosas que culminan alrededor de la bahía de Homa.  Aquí el agua es más profunda y realmente se mueve, hay oleaje y uno se siente casi como en el mar.  Pasamos la noche en el Safari Village, cerca de Mbita, un hotelito muy agradable al borde del lago, con faro y todo, de un noruego que lleva media vida en esta zona de África.  Nos hemos quedado con ganas de volver, la zona tiene muchas posibilidades.  Se puede caminar por los montes que rodean el lago, visitar las islas de Rusinga y Mfangano, se come muy bien, la tilapia es deliciosa (aunque no hay mucho más), está cerca el parque nacional de Ruma, y desde Kisumu se puede coger un ferry a Entebbe con el coche y todo para visitar Uganda, los gorilas, las fuentes del Nilo, etc.


Guía práctica
Transporte
El viaje desde Nairobi es largo pero muy bonito, y la carretera es bastante buena excepto en algunos tramos cortos pero muy malos.  El recorrido que hicimos fue circular.  La bahía de Asembo está más al Norte así que a la ida fuimos por Nakuru y Kericho.  Para evitar el peor tramo de carretera hay que desviarse de la carretera principal en Nakuru y pasar por Molo.  El paisaje es espectacular, apenas se baja de los 2000 metros y hay unas vistas preciosas, campos de cultivo, plantaciones de té y bosques.  A la vuelta cruzamos con el ferry a Mbita, hacia la zona Sur del lago.  El ferry pasa aproximadamente cada hora desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde y cuesta 100 chelines por persona y 900 por vehículo, incluyendo sólo al conductor.  Desde Mbita nos convenía más volver por Narok.  Aquí el paisaje es más irregular.  Se pasa de la zona del lago Victoria, fértil y verde, famosa por sus piñas y la caña de azúcar, a las tierras Masai, más áridas y resecas, en el valle del Rift.  Después de dejar atrás los cráteres de Suswa y Longonot se vuelve a ascender hacia Nairobi.  Son unas seis horas por trayecto, sin contar paradas.  En total hicimos unos 1000 km.

Alojamiento
En la bahía de Asembo no hay prácticamente infraestructura turística alguna.  Creo que sólo hay hoteles para turistas en Kisumu, a casi una hora de Asembo.  Nosotros nos quedamos en un pequeño hotel local en Rondo, Switel.  Alrededor de 10€ la noche la habitación doble con desayuno, pero ningún lujo, a pesar de ser de lo más presentable de la zona.  Ni siquiera estaba demasiado limpio, había cucarachas enormes por todas partes, no funcionaba el calentador de agua en la mitad de las habitaciones, el desayuno aparte de tardar más de una hora estaba incomible por lo grasiento (hasta las "tostadas" las habían frito en aceite), etc...  Pero creo que cualquier alternativa hubiera sido incluso peor.
En Mbita cambia la cosa.  Hay varios sitios de lo más exclusivo en Rusinga y Mfangano, tanto que no están a nuestro alcance, a partir de 500 y 700€ respectivamente la habitación doble.  En Mfangano está el Island Camp, pertenece al famoso Governor's Camp del Masai Mara, por ir a comer nos pedían 600$ sólo por el transporte hasta la isla, luego 35$ por cabeza la comida.  Así que descartamos la idea y tratamos de comer en el Rusinga Club, pero ni siquiera nos dejaron cruzar la verja, sólo para huéspedes.  Menos mal que dimos con el Safari Village (esta parte del viaje fue totalmente improvisada) y tenían sitio para nosotros.  Un sitio muy agradable junto a la orilla del lago con precios muy razonables y un dueño noruego de lo más amable.  Muy recomendable.  Alrededor de los 50$ la noche la habitación doble.

Qué traer
- Repelente de mosquitos, mosquitera propia o algo para tapar los agujeros de la del hotel (nosotros solemos llevar un rollo de celo gordo).
- Café, lo echamos muchísimo de menos, y pensar que estamos en Kenya, uno de los principales productores de café!  Incluso en el Safari Village no hay más que café instantáneo.
- Viajando en coche muchísima agua, hace mucho calor y no hay demasiados sitios donde comprar agua embotellada.